
La Luna es el único satélite de la Tierra. Su imagen es de sobra conocida. Su superficie está cubierta de cráteres de impacto, con grandes cadenas montañosas en el hemisferio sur. Su diámetro es de 3476 Km, con una densidad de 3.34 g/cm3. Esto hace que carezca de gravedad suficiente para retener siquiera átomos de hidrógeno como atmósfera. Su actividad tectónica parece mínima, y sólo se han detectado unos pocos terremotos, que se atribuyen a réplicas frente a impactos meteóricos pasados y a la atracción terrestre sobre las placas tectónicas. No existe actividad volcánica.
Una de las más interesantes características de la superficie lunar son los mares, llamados así por su apariencia llana. En realidad son llanuras de materiales volcánicos formadas por masivas emisiones de lava, se supone que tras grandes impactos meteóricos en la época en que la corteza lunar era todavía muy fina (hace entre 4500 y 3200 millones de años). En la cara oculta de la Luna no existen mares, dado que allí la corteza es mucho más gruesa (100 Km), lo que impide las emisiones de lava.
Debido a que la velocidad de translación de la Luna en torno a la Tierra es igual que su velocidad de rotación, esta presenta siempre la misma cara a la Tierra, lo cual provoca diferencias entre la cara visible y la oculta. Sin embargo, debido a las mareas gravitatorias, es visible un 60% de la superficie lunar, y no un 50%.
Al telescopio, la Luna presenta innumerables cráteres de impacto de todo tipo, así como colinas y cordilleras. Resulta interesante observar como cambian los detalles de los cráteres y cordilleras conforme varía la luz de noche en noche.


Cara oculta de la Luna. Las manchas oscuras del hemisferio norte son pequeños mares. Foto del vehículo orbital Apolo

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